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¡Qué hacer en una situación en la que sentimos que nos toman el pelo!

En situaciones en las que podemos ser tratados y atendidos inadecuadamente tenemos que reclamar nuestros derechos, es una obligación social y personal. En muchas de estas ocasiones perdemos los nervios, nos descontrolamos, explotamos y no conseguimos nada, o por el contrario nos callamos al sentirnos impotentes o no saber cómo expresarnos y tiramos la toalla, con ambas actitudes acumulamos tensión y frustración. Pero “podemos aprender a defender nuestros derechos con autocontrol”.

El autocontrol es una herramienta psicológica básica para manejarnos en muchas situaciones vitales personales. El autocontrol sano no implica anular o bloquear la expresión de sentimientos sino canalizarlos de manera adaptativa según las situaciones y expresarlos ajustándonos a un conjunto de técnicas asertivas de comunicación.

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¿Por qué hay que aprender a defender los derechos con autocontrol? En una situación de injusticia, la respuesta natural es la rabia, la frustración. Si nos callamos nos sentiremos mal con nosotros mismos y perderemos la oportunidad de recuperar nuestro dinero o de recibir la atención que merecemos. Nos callamos por falta de habilidades de comunicación o por imaginar que la situación de conflicto nos va a generar sentimientos de malestar o llevarnos al descontrol emocional.

Si ejercemos nuestro derecho a reclamar o a quejarnos, a veces, lo hacemos perdiendo los papeles, se oscurece la parte racional y desbocamos nuestras emociones en discusiones, gritos, malos entendidos, afrentas perosnales. Lo cual nos deja un amargo sabor de boca, y en muchas ocasiones, no nos resuelve el problema concreto, el objeto de la reclamación.

Si llevamos a cabo la reclamación con autocontrol y habilidades de comunicación, aumentamos la probabilidad de éxito y además reforzamos nuestra autoestima y seguridad en nosotros mismos.

¿Qué podemos hacer?

  • Respirar profundamente y relajar los músculos antes de lanzarnos a reclamar.
  • Pensar en positivo y no tomarnos el asunto como algo personal. La persona que me atiende no quiere provocarme un daño a propósito.
  • Ser amable y empático con nuestro interlocutor. “Entiendo lo que me plantea…”, “sé que usted no tiene nada que ver…” y reforzar los pequeños pasos de acercamiento a la solución. “Estoy muy agradecido de que esté intentando resolverlo…”.
  • Expresar sentimientos con Mensajes “Yo”, sin agredir. No es lo mismo decir: “ustedes son unos sinvergüenzas”, que “estoy muy ofendido por el trato recibido, quiero que se me reponga el dinero…”, es decir, expresamos con Mensjes Yo, en primera persona usando un lenguaje emocional. Podemos, asimismo, mostrar la emocion con el gesto y la voz, sin elevar el volumen en exceso.
  • Usar el disco rayado y tener paciencia. Repetiremos una y otra vez nuestra postura y necesidades ante el interlocutor, no cederemos en nuestro empeño. A veces, será necesario insistir con varios interlocutores. No se trata de amenazar con “no nos moverán” pero sí insistir en que vamos a mantenernos firmes hasta obtener una solución o insitir en hablar con la persoan responsable y que no cederemos hasta lograrlo.

Con todo ello, no nos mostramos ni a la defensiva ni al ataque y el interlocutor no se tiene que proteger tanto. De esta manera, sus barreras psicológicas desaparecen y es muy posible que acelere los trámites o haga lo posible por ayudarnos.

Os animo a intentarlo y a practicarlo, puede no salir bien las primeras veces, pero hay que insistir para aprender. Os sentiréis mejor con vosotros mismos y conseguiremos hacer de la minoría una mayoría para que no aplasten nuestros derechos.

¡Suerte!

Raquel López Vergara

Psicóloga y coach

Grupo Crece