Afortunadamente, con el paso de los años, nuestra profesión ha ido quitándose una serie de etiquetas tremendamente estigmatizantes, (además de falsas) de encima. Es algo de lo que no nos hemos desprendido aún al 100 por 100, pero es evidente que se ha avanzado mucho.

Esto lo podemos notar por la gran cantidad de personas jóvenes que acuden a los centros de psicología para recibir apoyo psicológico, por problemas “normales” o del “día a día”, y lo hacen con naturalidad, sin ocultarlo a sus amistades, pareja o familiares. No obstante, ideas como las siguientes siguen suponiendo un lastre a este trabajo tan necesario e importante:

“¿Al psicólogo?, “¿pasa algo grave?”

“¡Fíjate si estaba mal que estuvo hasta de psicólogos!”

“¿Psicólogo yo?, ¿te parece que estoy loca?”

“Al psicólogo van los débiles de mente o la gente con traumas”

“Si tengo problemas se los cuento a una amiga y ya está”

Asociar la psicología únicamente a patología o enfermedad mental es un enfoque muy reduccionista, y por el cuál todavía se rigen muchas personas. También opinar que tener un trastorno psicológico o una enfermedad mental es algo rechazable.

Además, existen las teorías implícitas que sostienen que ir a terapia no tiene utilidad, las personas que “no creen en la psicología” (como si se tratase de un acto de fe, la psicología es una ciencia, de hecho), y la personas que comparan la figura del psicólogo o psicóloga con los sacerdotes confesores sobre los cuales se desahogan las personas que pecan y buscan una redención.

En otras ocasiones a nivel popular, se considera que el trabajo del psicólogo o psicóloga es un trabajo menor, que se puede ejercer haciendo voluntariado.

Nada más lejos de la realidad.

El psicólogo o psicóloga, es un profesional con una formación universitaria y de posgrado, (independientemente de las diferentes corrientes) que le capacita para trabajar con el material más sensible para una persona: la intimidad. Es alguien que tiene que ser capaz de transmitir una gran confianza, pues sobre esta figura se pondrán a recaudo problemas, dificultades, inseguridades, secretos, confidencias, miedos, traumas, y, sobre todo, una gran cantidad de emociones, dudas y angustias.

A nuestro modo de ver, es una figura que debe tener una gran capacidad de escucha y de empatía, pero al mismo tiempo, ha de saber cuando ponerse firme, confrontar o hacer ver a la persona el camino por el que se está conduciendo (sobre todo en el caso de adultos).

¿Alguien confiaría en que una persona inexperta manipulara los circuitos de cables para desactivar una bomba? Con los profesionales de la psicología pasa lo mismo. Conocen los circuitos que conectan las emociones, las relaciones afectivas y los comportamientos, por ello podemos y debemos confiar en ellos.

Circunstancias vitales que nos pueden llevar a psicólogo/a

Como indicamos anteriormente, las personas que acuden a un Centro de Psicología, no necesariamente vienen por situaciones extraordinarias o graves, o por un “trastorno mental”. Nada mas lejos de la realidad, la mayor parte de la gente, acude por situaciones totalmente normativas, como los problemas de pareja, rupturas sentimentales, estrés laboral, insatisfacción vital, pérdida de seres queridos, problemas laborales, sentimientos de soledad, problemas para encontrar pareja, sentimientos continuos de abatimiento y tristeza, miedos y fobias, problemas de ansiedad, dificultades a la hora de decir que NO o poner límites, angustia a la hora de hacer exposiciones en público, problemas de timidez o vergüenza a la hora de relacionarse con los demás, interés por conocerse más y mejor, dificultades a la hora de tomar decisiones importantes, problemas de autoestima, manejo de ciertas emociones, problemas de autocontrol, dificultades con los hijos e hijas, y un largo etcétera.

Por supuesto, también existen otras situaciones, por las que recibir atención psicológica está más que indicado (depresión severa, diagnóstico de enfermedad grave, duelos complicados, adicciones graves, ansiedad y fobias altamente incapacitantes, violencia intrafamiliar, intentos de suicidio…). Y claro, el terapeuta también a tiendo a personas con un trastorno como esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de la alimentación, estrés postraumático, etc.

No obstante, en este artículo vamos a tratar de agrupar estas circunstancias y problemas, para señalar la forma en que una psicoterapia, psicocoaching, o formación en habilidades socioemocionales o comunicativas, puede ayudar notablemente a la persona a mejorar o superar estas situaciones.

¿Cómo nos puede ayudar?

1.      Acontecimientos vitales que te hagan sentir desbordado o desbordada

Coloquialmente conocidos por “malas rachas”.

El nombre técnico en psicología se denomina “trastornos adaptativos”. Son situaciones de la vida ante las cuales las personas se ven sin herramientas para saber afrontarlas adecuadamente, o sencillamente se han visto superadas por la gravedad o la concatenación de muchos acontecimientos estresores. Son muy variables, y se pueden producir por diversas situaciones, desde un puesto de trabajo nuevo de mucha responsabilidad y estrés, un conflicto permanente en la pareja, la pérdida de un ser querido, un cambio de ciudad o país al cual cuesta acostumbrarse, hasta la llegada de un bebé.

Un profesional de la psicología te puede ayudar a entender mejor la situación, ofrecerte comprensión, apoyo, herramientas nuevas, darte otro enfoque o relacionar el problema con otras cuestiones que pueden guardar relación y permanecen enterradas. Te enseñará habilidades personales para que puedas manejarlo mejor.

2.      Problemas de gestión emocional

El conocimiento, la comprensión y el manejo de las emociones, es algo que hemos ido aprendiendo por imitación de figuras relevantes, y por adaptación a través de ensayo y error a lo largo de nuestra vida, desde la infancia. Raro es que hayamos tenido formaciones en inteligencia emocional en nuestra historia, a no ser que lo hayamos buscado por nuestra cuenta, y ya seguramente en la edad adulta, y quizá no hemos tenido los modelos adecuados de aprendizaje de la inteligencia emocional en nuestra vida..

Por problemas emocionales podemos englobar dificultades para saber “qué es lo que siento”, complicaciones para comprenderlo, y, lo más comunmente conocido como “problemas de gestión emocional”, que consisten simplemente, en manifestar dificultades a la hora de controlar, equilibrar o expresar las emociones.

Un buen terapeuta experto en emociones, puede instruir a las personas a que conozcan su “universo emocional”, el significado que tienen para ellas, y dotarlas de estrategias de manejo y gestión, para ir en la dirección de ayudar a cumplir sus objetivos y potenciar su bienestar.

3.      Problemas de ansiedad, estrés, o superación de miedos

Englobamos estas tres cuestiones, por estar relacionadas con el miedo. El estrés es una respuesta de activación del cuerpo ante una situación que implica la movilización de recurso para afrontar una situación, la ansiedad es un sentimiento desagradable que nos prepara para afrontar un peligro futuro, y el miedo, es una emoción básica adaptativa que nos permite huir de situaciones peligrosas.

Las situaciones de estrés se pueden producir en diferentes ámbitos (laboral, pareja, familia, compañeros de piso, académico…) y algunas personas, es posible que carezcan de estrategias de afrontamiento adecuadas a estos problemas, manteniendo estilos desadaptativos, que se han mantenido sencillamente por supervivencia, pero que generan un gran desgaste a nivel físico y psíquico.

Los problemas de ansiedad, pueden tener que ver con situaciones estresantes, o no necesariamente. Muchas personas, por su mera forma de afrontar la vida, o por acontecimientos vitales importantes que han sufrido, han desarrollado comportamientos de actuar y estar en el mundo desde el miedo, e interpretan muchas señales, a priori inocuas, como peligrosas y dañinas, lo que nos gusta denominar como “vivir desde la óptica del miedo”.

finalmente, cuando hablamos de la superación de miedos, nos referimos a situaciones que las personas se ven incapaces de superar, por miedos más o menos racionales. Dentro de este cajón están las diferentes fobias (a las relaciones sociales, a los espacios cerrados, a las alturas, a hablar en público, a los lugares de difícil escape, a las enfermedades, a volar…).

La terapia, a parte de lo indicado anteriormente, ayudará a la persona a entender mejor el funcionamiento de esta emoción, a que aprenda a interpretarla de forma más correcta, y la animará a exponerse y tratar de superarlo, disminuyendo la carga negativa del miedo o la ansiedad, enseñándoles a cambiar sus hábitos para sentirse mejor y prevenir el estrés, dotándoles de herramientas para bajar la respuesta desagradable.

4.      Problemas de estado anímico, apatía, tristeza, sentimientos depresivos

La tristeza es la emoción protagonista en todos estos problemas. Nos prepara para aislarnos del entorno y retirarnos a curar nuestras heridas. Pero el problema radica en que esta tristeza quede perpetuada y se convierta en patrón de comportamiento, esto puede llevarnos al círculo vicioso de la depresión.

El proceso terapéutico puede ayudar a las personas tristes a tener algo mas que un lugar de desahogo, el terapeuta favorecerá un estilo de afrontamiento activo, además de ayudar a la persona a comprender y manejar mejor su tristeza.

5.      Situaciones traumáticas actuales o pasadas no resueltas

Un trauma se puede definir como un episodio en nuestra vida, que vivimos con gran sufrimiento, nos hizo sentir indefensos o indefensas, y que, pese a que ya pasó, se ha quedado guardado en nuestro cuerpo impidiendo que nos sintamos bien. Adaptativamente, el trauma está tratando de impedir que nos acerquemos a algo que nos pueda volver a hacer daño, y por tanto nos protege, Pero lo hace de una forma tan desbordante que nos impide el avance.

Existen traumas de todo tipo y gravedad, aunque lo realmente importante es “cómo lo haya vivido cada persona”. En este cajón caben, desde situaciones de abuso sexual, trato negligente en la infancia o adolescencia, episodios de bullying, maltrato psicológico, episodios de violencia… hasta el recuerdo de sentirse en soledad, con pocas relaciones afectivas sanas. El rechazo, el abandono, las traiciones, la angustia mantenida, son situaciones que pueden generar trauma.

El papel del psicólogo es fundamental para ayudar a la persona a descubrir, entender y superar el trauma, y puede valerse de herramientas tan útiles como la exposición, el EMDR, las técnicas TIC o las escenificaciones dramáticas.

6.      Crisis existenciales o vitales. Autoconocimiento

En muchas ocasiones, las personas que acuden al centro vienen con una crisis vital, cuestiones como las que os planteamos a continuación: ¿quién soy?, ¿a dónde voy?, ¿qué quiero hacer con mi vida?, ¿estoy haciendo lo que realmente quiero o necesito?, ¿cómo soy como persona?, ¿qué es lo que encaja mejor conmigo?, ¿debería dejar mi vida, mi pareja, trabajo… y emprender un nuevo camino?, ¿qué es lo que realmente va conmigo?, ¿he caminado por el camino equivocado toda mi vida hasta ahora?

Para ayudar adecuadamente a estas personas, las psicólogas tendrán que ser capaces de calmar la angustia ante estos interrogantes, ayudar a normalizarlo, favorecer el autoconocimiento a través de ejercicios, dinámicas vivenciales, tareas, lecturas y preguntas clave, repasar la historia vital e invitar a la exploración, ofreciendo un vínculo seguro de apoyo.

7.      Desarrollo de habilidades

Las habilidades más importantes que se desarrollan y aprenden en nuestro centro de psicología son las siguientes: habilidades emocionales, habilidades de comunicación, habilidades asertivas, habilidades de gestión de conflictos, habilidades sociales y habilidades de autoconocimiento. Estás habilidades se pueden aprender a través de sesiones de coaching individual y también mediante talleres grupales.

Habilidades emocionales: las hemos recogido en el apartado 2 (manejo emocional). Se enseña a las personas a identificar las emociones, a que aprendan el mensaje que transmiten, el significado en cada individuo y a gestionarlas adecuadamente en pos de los objetivos que se establezcan.

Habilidades de comunicación: se trabaja la capacidad de transmitir, conectar con los demás y persuadir, a través de la comunicación verbal, no verbal y paraverbal.

Habilidades asertivas: se enseña a la persona a ser contundente, firme y segura, sin renunciar a mantener un registro amable y cálido. Es lo comúnmente conocido como asertividad. Dentro de las habilidades se incluyen técnicas específicas para poner límites, hacer críticas y manejar chantajes emocionales.

Habilidades de gestión de conflictos: muy necesarias en los entornos laborales, consiste en enseñar a tratar con personas pertenecientes a un equipo de trabajo, incluyen habilidades de comunicación, asertividad, emocionales, motivación y estrategia, además de técnicas específicas.

Habilidades sociales: son las habilidades necesarias para relacionarse con los demás, influir, persuadir, hacer amistades, iniciar o mantener conversaciones, cerrar temas, introducir asuntos espinosos…

Habilidades de autoconocimiento: arteterapia, conciencia corporal, mindfulness

8.      Autoestima

Ayudar a las personas que no se gustan, no se quieren, o tienen un bajo concepto de si mismas es una labor crucial para el psicólogo o la psicóloga. El objetivo es desarrollar una autoestima sana, donde la persona acepte sus cualidades positivas y negativas, y motivar siempre a crecer y a superarse de una forma saludable. La autoestima está muy relacionada con el autoconocimiento, y puede trabajarse tanto individual, como grupalmente. Conseguir que la persona se siente en un entorno seguro y validada por el/la terapeuta o el grupo es crucial.

9.      Relaciones sanas y apego seguro

Uno de los aspectos más bonitos del trabajo de psicóloga o terapeuta, tiene que ver con la relación que establece con la persona que acude al centro. Las investigaciones dicen, que uno de los aspectos más importantes a la hora de predecir el éxito de un proceso terapéutico, radica en la calidad del vínculo que se establece entre terapeuta y la persona que pide ayuda, más allá del modelo, de las técnicas y de la corriente psicológica.

Por eso, el/la terapeuta, no solo debe ser capaz de detectar formas inadecuadas de relación en la persona, sino también ser hábil en hacérselo ver, y lo más difícil, utilizar la propia relación terapéutica para que sirva, al mismo tiempo como modelo y como apego.

Hay personas que se manejan en sus relaciones desde la hostilidad y la desconfianza, probablemente por no haber tenido a nadie, haber sido maltratados o traicionados. Otras personas extreman las confianzas y sobrepasan los límites, manejándose con una intensidad excesiva, probablemente por haber necesitado en su vida llamar mucho la atención para ser escuchadas. Otros desde una superioridad arrogante, mirando por encima del hombro, seguramente por pensar que así nadie le hará de menos. También existen quienes temen continuamente al abandono y se apegan excesivamente, estableciendo dependencias patológicas y colocando todo el poder en el otro. Cabe incluir también a personas agresivas o hirientes con los demás, a quienes les resulta dificilísimo sentir empatía. Toda esta gama de comportamientos y formas de relacionarse, produce graves problemas de vínculos en las personas, y por tanto les conducen a insatisfacción, malestar y tristeza.

Alberto López Viñau

Psicólogo, coach y formador

Grupo Crece