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Desde que tengo uso de razón me recuerdo rodeada de vestidos para las muñecas, para los recortables, para mí, de una antigua “Singer” y revistas para crear mis propios modelos, de esas que te venían con patrones dentro… También me recuerdo rellenita, y con mil complejos, por mis gafas, mis michelines, mis ojos pequeñitos… la moda y la creatividad para mí se convertían, aparte de una pasión, en una búsqueda de aquello que creía no poseer, mi propia “belleza”.

La sociedad en la que vivimos no nos ayuda a tener una imagen favorable de nosotros mismos; de una forma inconsciente, se crean unos estereotipos, a los que contribuyen todos: diseñadores, prensa, marketing, nosotros mismos con nuestros comentarios… Creamos estos modelos con unas fuertes creencias del tipo “si no eres como la chica de la foto, no puedes ser feliz y para conseguirlo te ofrecemos el producto X”. Yo también interioricé desde pequeña esas creencias de que para ser feliz tenía que ser guapa “como las chicas de las fotos”, y el trabajo que elegí no me ayudó a desmentir esta creencia durante muchos años. Gracias a Dios, siempre he sido una persona con sentido común, y aunque me han influido estos mensajes no han sido determinantes en mi vida, como en la de otras personas, que han podido desarrollar enfermedades como trastornos alimenticios. Por otro lado, trabajando en la trastienda de la moda, no dejaba de sorprenderme el hecho de comprobar que estando tan cerca del mundo del “glamour” pocos son los que se sienten realmente satisfechos con su propia imagen. Creo que la mayor parte de las veces ponemos nuestro valor y autoestima más en los objetos que llevamos, el precio que hemos pagado por ellos, nuestro peso, edad, etc., que en nosotros mismos. Nos creemos que nos tenemos que parecer a las personas de físicos espectaculares que salen en los anuncios y empezamos a hacer cosas desde fuera de nosotros: dietas milagrosas, ejercicios, tratamientos… y gastamos fortunas en marcas de ropa y perfumes, que se supone, que, con un chasquido de dedos, tal y como nos dice la publicidad de “Gucci”, nos van a convertir en “eso” que deseamos ser. Y ¿qué ocurre? Que no, que evidentemente no nos convertimos en eso porque no somos esas personas, somos otras personas diferentes; hemos perdido parte del sentido de la realidad, hemos desconectado de nosotros mismos, hemos dejado de escucharnos y nuestro cuerpo necesita otras cosas diferentes para estar bien; lo único que conseguimos, si seguimos desconectados, es alejarnos de nosotros mismos intentando ser otras personas diferentes a lo que somos de verdad, y sobrevalorando un aspecto de nosotros mismos dejando de lado otros, igual de importantes o más. Creo que cuidarse es fundamental para tener una sana autoestima, pero existe una gran diferencia entre un sano cuidado y la obsesión de nuestra sociedad por la imagen. ¿Qué pasaría si en vez de dar por sentado que nos tenemos que parecer a esos modelos, cada vez nos escucháramos más? ¿Si decidiéramos vernos y aceptarnos tal y como somos, mimarnos y amarnos? Nuestro cuerpo refleja la relación que tenemos con él; para mejorarla el primer paso que podemos dar es aprender a mirarnos sin juzgarnos, aceptar lo que vemos tal y como es ahora, y entender que en el momento en que cambie mi relación con él, éste, agradecido, empezará a mostrar lo mejor de sí mismo. Estas reflexiones, este mundo ilusorio de la imagen y el glamour, y todo el engranaje mediático, fueron los motivos de peso para empezar a investigar, primero en mí misma, y más tarde formándome como profesional para crear “Ilumina TU Imagen“, que con el tiempo se convertieron en la “necesidad” de trasmitir el mensaje de que “somos mucho más que nuestra apariencia“. En los talleres que imparto invito a mis clientas a aprender a verse de forma “objetiva y amable”, a conocerse tanto por fuera como por dentro, a auto-observarse, a incluir el juego y la diversión con su cuerpo e imagen, a cuidarse y a introducir hábitos saludables en todos los ámbitos, desde la comida sana a las buenas relaciones. En los diferentes módulos, vamos tocando todos los temas relacionados con la imagen: colores, estilo, líneas de ropa que mejor les sientan a cada una, etc…de manera que aprenden a sacarse más partido a su aspecto exterior y, por otro lado, los temas relacionados con las cualidades personales, la relación que tenemos con nuestro cuerpo, aquello que las hacen personas únicas y especiales, a disfrutar de su diferencia…poco a poco van descubriendo a ser sus mejores amigas, aprendiendo a valorar su imagen en su justa medida, aprendiendo a poner conciencia en su forma de verse tanto por dentro como por fuera, aprendiendo a sentirse personas bonitas. Me gusta la creatividad a la hora de vestirme, me gusta mirar revistas y pasarelas, pero desde esta nueva perspectiva, desde el auto-conocimiento y apreciación, si no, carece de sentido, y es así como enfoco mi trabajo con mis clientas, desde el amor propio y respeto por ser quienes son.

Gema Gómez de Pablo

Diseñadora de Moda y Coach